Llueve

Aquí viene la lluvia de nuevo. Cae sobre mi cabeza como los recuerdos, como las emociones, como la esperanza. Y me doy cuenta de que aunque vas a mi lado, no somos lo que yo quisiera. Así que háblame como los amantes se hablan, caminemos como caminan los novios, bésame como se besan los enamorados. Pero no te lo digo, no puedo, simplemente aprieto tu mano.
Me miras, con esos grandes ojos color marrón e intuyes que algo se mueve en mi cabeza. La lluvia cae sobre mi como una tragedia, como un sentimiento nuevo, como la verdad.  Quiero seguir caminando así contigo, pero en tus ojos leo que no lo deseas más. Nos detenemos y mi deseo de saltar a lo desconocido contigo me domina, y me hace valiente. Tomo tu rostro en mis manos mientras caen las gotas de agua. “Miénteme.” susurro. “Caminemos como caminan los novios” acaricio tu mejilla, “háblame como si me quisieras…” cierras tus ojos para que yo no vea que no sientes lo mismo que yo. “Bésame como si me amaras”, por fin me animo a decir y cierro mis ojos por unos segundos. Los tuyos se abren de la impresión. Si lo haces, sabré que mientes, todo se ira al carajo, pero al menos así me quedare con este recuerdo, con la hermosa mentira bajo la lluvia. 
Titubeas y tomas mis manos para quitarlas te tus mejillas. Tal vez quieres ser todo un caballero y no aprovecharte de mi. Pero lo que yo mas quisiera es que me faltaras al respeto en este momento y te robaras todos lo besos que tengo para ti. Tal vez simplemente no sabes que hacer con lo que te dije. Ah, todo salió mal. Y antes de que me abandone el coraje, me acerco a tu oído y te digo en voz baja, bajo la lluvia “Bésame.”
Cierro los ojos con anticipación, y lo único que siento es que deja de llover, dejas de tomar mis manos, te alejas. Te vas. Tengo frío. 

Matemática

No me gustaban. De hecho les tenía un resentimiento bastante grande ya que siempre fueron ocasión de vergüenza pública debido a que mis profesores tenían la errada idea de que pasarme al pizarrón de pronto me destaparía las entendederas. Después como que les agarré cariño porque el álgebra y la trigonometría parecían juegos. Despejar una variable, comprobar que una cosa es matemáticamente igual a otra, descubrir distancias entre dos puntos a partir de un ángulo. Me sentía detective, una detective matemática.

Y luego llego el. Un amigo, un romántico y un maestro de las matemáticas. Siendo la ingeniera que soy y él el hábil poeta matemático que era no tardo en seducirme. La primera vez me mando una nota que decía:

Graficame

sqrt(cos(x))*cos(200 x)+ sqrt(abs(x))-0.7)*(4-x*x)^0.01, sqrt(9-x^2), -sqrt(9-x^2) from -4.5 to 4.5

Su pequeña carta romántica me causo cierto problema, tuve que conseguir una calculadora para graficar eso que parecía una mezcla entre un círculo y un puñado de cosenos. Y resulto ser una gran sorpresa romántica. Después siguieron notas menos complicadas. En algunas ocasiones me llamaba su Jacobiano, y me escribía sobre la necesidad que tenía de mi en su vida vectorial. En otras me describía como el se convertía en una función y yo en otra, pero eran tan complejas que necesitaban la ayuda de una transformada, la que fuera, para llegar a un plano definido en la frecuencia de tal modo que ahí, y solo ahí las ecuaciones se volvían tan sencillas que no había complicación en sumarse, restarse, dividirse e incluso convulsionares  Sin embargo, y el gran problema siempre era que había que regresar al plano común y corriente donde nuestras actividades siempre tendrían esa parte compleja e irracional. Y entonces era cuando a mi me temblaban las rodillas. Porque extrañamente todo eso me hacia sentido, y me imaginaba como las lineas generadas por esas funciones bailaban, se tocaban y luego se separaban. Pero siempre encontraban un punto donde estaban en contacto.

Yo en mi torpeza nunca pude responderte propiamente una carta, nota o mensaje de esos. Me reía como las rubias tontas de la pantalla y bajaba mi cara y me tocaba el pelo nerviosa. Pero siempre quise decirle que si. Que su manera de ver el mundo era genial, que me hizo aprender y apreciar algo que no me gustaba tanto bajo una nueva luz, y que si me hubiera encantado fugarme con el a un plano definido por otras variables. Pero no paso, y extraño las cartas.

P.D. Tu no tienes que conseguir una calculadora. Puedes copiar y pegar la ecuación en el cuadro de búsqueda de Google 😉

Fangirl

¿Cómo puedo decir esto? Soy una mujer independiente, con carrera y culta, y he estado llorando como una chiquilla. Sólo quería que supieras que más que ningún otro de tus fans yo te querré por más de mil años. Pero nada sale, nada encaja y es el correo número un millón que borro.
¿Cómo puedo mostrarme indiferente? Déjame decirte que ya intente hacerlo, y no funciono. ¿Cómo podría? Si escucho tus palabras día y noche todos los días. Veo pedazos de ti en todo lo que hago, en toda la gente. Todas mis conversaciones terminan en ti, en tus palabras en tus acciones. A quien trato de engañar, no hay nadie más que tú. ¿Cómo podría amar a otro? Dime, explícame como dejar de quererte. Un tweet tuyo y lo demás pierde importancia. Hoy te extraño más que nunca.
Un café en un viernes normal como cualquier otro, sales con otra de esas mujeres pasajeras como siempre. Lo sé, te vi en la tele. Salías con ella de tu brazo. Llevo dos horas aquí y te veo no más de 10 minutos. No quiero gritar, ni mucho menos llorar. ¿Qué debo hacer? Acercarme y saludar. ¿Qué debo decir? ¿Por qué no nos casamos? Acompañado de un guiño pícaro. Mejor, tu eres todo lo que necesito, el aire que respiro, el techo sobre mi cabeza, la felicidad en mi vida…
A quien engaño, ni las miles de fotos en mi computadora, ni las horas que paso buscándote en la tele, en internet, ni el haber leído y escuchado todo lo que has hecho me dan la fuerza para pararme a saludarte. Suspiro, y mis ojos se llenan de agua. Levanto mi café discretamente, a tu salud. Te deseo toda la felicidad del mundo, aunque no sea conmigo. 
-¿Nos conocemos? -me preguntas.
-… 

Se terminó

El viento se siente frío. Recuerdo claramente como despeinaba tu pelo, tu rostro de perfil mientras hablabas, tus ojos al mirarme, tu mano y la mía… Perdona, no escuche bien lo que decías, así me he perdido tantas de tus palabras. Soy tan distraída.
Sabes que de verdad te quiero. Tos ojos están diferentes, me miras diferente. Y escondo mis lágrimas mientras lo que decías poco a poco traspasa mis pensamientos. Comienzo a comprender, y de algún modo ya lo sabía. ¿Cuándo fue que nos distanciamos? Algo dentro de mí lo vio venir, y a pesar del amor, del cariño, de las ganas, de nosotros, llegamos aquí. ¿En qué momento se separaron nuestros destinos? No sigas, mejor que esta sea una salida como cualquier otra, que termine como cualquier otra. Digamos: “Hasta luego”.
De verdad que hace frío. Creo que no podré sonreír sin ti, pero lo intento una última vez mientras suelto tu mano. Un adiós que se tropieza en mi boca, ni siquiera puedo hablar y hago un gesto torpe con mi mano mientras te vas. Me quedo parada en el mismo lugar donde siempre nos despedimos. Como en cualquier otra salida, sin embargo esta es totalmente diferente. Se terminó. Se terminó. El viento sopla de nuevo. Ahora que lo pienso, tal vez no soy la única que siente frío. De que me sirve pensar en esos detalles, ya es demasiado tarde.
“Significas tanto para mi”, “nunca quise hacerte daño”, “quiero protegerte”,”eres lo más importante”, “te quiero”, “no te vayas” ,”adiós”,  aún tengo tanto que decir pero no estas para escucharlo. Adiós. Ahora es que empiezo a llorar. Que fácil fue soltar tu mano, un acto de cobardía. ¿Por qué no me aferre a ella? No tengo el suficiente valor y ahora volver a tomarla entre la mía será imposible.
  ¿Qué es lo que se llevará el tiempo de esto? Tal vez ponga distancia y duela menos. ¿Me hará olvidar? Lo dudo. Tu recuerdo nunca perderá su color en mi memoria. Que torpe soy, ni siquiera puedo decir adiós propiamente. Se terminó.