Ratón

Ratón: Imagina la historia de un ratón en busca de un lugar donde vivir, y que al final llega a quedarse en tu casa sin que nadie se dé cuenta.
Por culpa de una amiga, ahora cada que escucho ratón lo relaciono con leche y galletas…. En fin. Comencemos.

Me llamo Eustaquio y soy un ratón. No como mazapanes ni porquerías de esas, y tampoco duermo con almohadas en los pies. ¡Ya mero! Apenas si uno consigue comida. La verdad la mejor comida si esta en las casas. Los humanos guardan semillas y pasta en bolsas tan sabrosas. También tienen pan en bolsas de papel, y si te va bien, hasta hay frutas secas y cereales dulces. Pero vivir en una casa humana no es tan fácil. No. A los humanos también les gusta guardar gatos y perros. Los peores son los gatos. Son tan escurridizos y callados los malditos. Los prefiero cuando traen cascabeles en el cuello y son tan gordos y holgazanes que les da flojera perseguirme.

Bueno, el caso es que uno ocupa un lugar donde vivir y donde comer. Y ya que eso está cubierto, entonces se busca uno una almohada para la cabeza, no para las patas. Así, corrían rumores de que existía una casa, con tanta comida, que todos los animales que estaban cerca engordaban. Solo que había algunos problemas: tres gatos y un perro. Pero me gustan los retos. Y escuche a todo el mundo decirme: Eustaquio no vayas, Eustaquio te vas a matar, Eustaquio no vale la pena, Eustaquio… Eustaquio. Pero que mejor lugar para esconderse de otros gatos que en una casa con perro. El único detalle eran los otros tres gatos.

Haciendo un poco de trabajo de inteligencia animal. Me di cuenta que la ventana del piso de arriba no tenia mosquitero, y que los gatos casi nunca pasaban por ese cuarto. Así que si en algún lado iba a vivir, era en ese cuarto. Me prepare y comencé la intromisión. Fue tan grata sorpresa, ¡había muchísimo lugar donde hacer mi casa! Seleccione un lugar en una esquina, estaba lleno de cables, pero calientito y los gatos no podían pasar. Mucho menos el perro. Y aparte a los humanos no les gusta que nos acerquemos a los cables. Mientras no los mordisqueara estaría bien.

Asi pues, amigos, ahora les platico esta aventura desde la comodidad de mi nuevo hogar, resulta que aquí hay una bolsa con chocolates y papas… cuando no hay nadie me escurro y me robo algunas provisiones. He subido de peso al doble, y me siento tan feliz. Ahora si tengo tiempo, tal vez busque una almohada para mis pies, y tal vez hasta pruebe eso del turron… aunque primero tendría que googlear a ver que es…